Algo que parece un punto sencillo y sin importancia, no es en realidad tan banal. De hecho hay mascotas que pueden llegar a rechazar la comida porque el cuenco en el que se la damos no es de su agrado.
Empezando por los gatos, criaturas asombrosas pero muy complejas y sensibles. La tendencia es pensar que como es un animal más bien pequeño, necesitará un cuenco acorde con su ración, que es poca, por lo que es habitual comprar un comedero similar al que adquiriríamos para un perro pequeño, que al fin y al cabo come una ración similar.
Pero no.
Es importante tener en cuenta los largos y sensibles bigotes de los gatos, a los que no les gusta nada que estos rocen con los bordes del cuenco mientras consumen su alimento, sobre todo si se trata de un cuenco metálico. Detectaremos el problema porque son reticentes a comer, meten la cabeza y la vuelven a sacar, o rondan alrededor de plato de comida sin decidirse. Esta problemática es lo que se conoce como whisker fatigue, que sería algo así como la fatiga del bigote.
Por ello los comederos para gatos deben ser más anchos, poco profundos y con los bordes bajos. Que ellos puedan meter la cabeza y coger lo del fondo (tanto comida como agua) sin que sus sensibles bigotes rocen con los laterales.
Los perros son mucho menos exigentes en este aspecto, y comerán básicamente de cualquier tipo de comedero, si bien hay varios apuntes que podemos tener en cuenta para perfeccionar nuestra elección:
- Material: La mejor elección sera el acero inoxidable, pues es fácil de limpiar, incluso en lavavajillas y no libera sustancias químicas, siendo además los más duraderos.
- Tamaño: Como es evidente debe ajustarse al tamaño de nuestra mascota y dar cabida a su ración diaria. Lo mismo para el agua, que debe estar siempre disponible.
Necesidades especiales
Para perros de orejas largas, como el coker, pueden ser interesantes los cuencos de boca estrechas, pues así las orejas quedan fuera evitando mancharlas con la comida y mojarlas con el agua.
Hay mascotas muy ansiosas, que devoran su alimento en un santiamén, los cual además de causarles nerviosismo y sensación de quedarse con hambre, puede alterar la digestión por tragar sin masticar y con mucho aire. Para ellos se comercializan comederos de alimentación lenta, que en este caso suelen ser de de plástico y llevan dentro áreas elevadas y crestas que hacen que el animal tenga que esforzarse un poco para acceder al alimento y por tanto coma más lentamente, mejorando la digestión y sintiéndose más saciados.
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